A Propósito de Homeschooling

Nuestra forma de percibir y expresar nos hace únicos



Algunas veces me han preguntado si hacer Homeschool significa que me paso el día entero dando clases a mis hijos. No, eso no es lo que hago. Afortunadamente el material que usamos incluye vídeos atractivos, libros interactivos, actividades experimentales, hojas de trabajo, ejercicios y repasos. Cada ‘estilo’ de aprendizaje está cubierto. Yo organizo, superviso y resuelvo dudas.

Parte de lo que he aprendido a base de prueba y error es que en este sistema educativo, -y en cualquier cosa que nos propongamos aprender o enseñar-, la organización es esencial. Cada año volvemos a ver que si no hacemos buen uso del tiempo, morimos en el intento de terminar justo en la fecha límite. También han sido años de experimentos sobre el proceso activo y dinámico de aprender y enseñar.

Aun si encontrara el mejor sistema para aprender o enseñar un tema, este no funcionaría igual para todos, y lo que funciona con un niño o conmigo, puede que no funcione con otros. Hoy tengo el reflector sobre las características que hacen que todos seamos diferentes en la forma en que aprendemos y/o enseñamos.

¿Cómo que somos diferentes?

Nuestro cerebro no deja ‘pasar’ toda la información que recibe; hay muchos factores que influyen en la forma en que filtra y selecciona lo que puede procesar. En general, el cerebro asimila de la forma en que le resulta más práctica y eficaz, el resto lo ignora fácilmente.

Voy a basarme en el modelo V.A.K. de estilos de aprendizaje; lo menciono porque hay otros modelos y usted probablemente ha escuchado que hay más de tres estilos. Cierto. A mí me gusta este por práctico, es muy fácil explicar y diferenciar la tendencia de cada persona. Entonces, según este modelo, básicamente nos dividimos en tres grupos: Los visuales, los auditivos y los kinestésicos.

Cada persona es diferente en su forma de APRENDER, y por lo tanto, es diferente en su estilo para ENSEÑARINTERPRETAMOS y COMUNICAMOS en forma diferente. PERCIBIMOS y procesamos la información según la forma en que ‘funcionamos’ mejor, y luego EXPRESAMOS nuestros pensamientos y experiencias en formas particulares. Nuestra forma de percibir y expresar es lo que nos hace ÚNICOS.

No importa si se trata de niños o adultos, observe a un grupo, siempre hay alguien que recuerda mejor lo que escuchó en un lugar, otra persona se impresiona por lo que vio, mientras otra dirá que nunca va a olvidar lo que sintió por causa de esa experiencia.

¿Para qué sirve identificar nuestras fortalezas y debilidades en el proceso de enseñanza/aprendizaje?

Cuando se trata de aprender, sea por trabajo o por crecimiento personal, nos ayuda buscar la información de la forma que nuestro cerebro pueda interpretarla y almacenarla mejor. Al conocernos podemos aprovechar nuestras fortalezas y trabajar en fortalecer nuestras debilidades, pero hasta que este trabajo de aprovechamiento y fortalecimiento suceda, siempre vamos a tener la tendencia de captar o expresar la información a través de nuestro estilo dominante. Si alguna vez nos sentimos frustrados por la dificultad en aprender algo nuevo, tomemos en cuenta que algo simple como un cambio en la forma de abordar el tema puede ayudarnos a saltar fácilmente los obstáculos.

Igual pasa con nuestros hijos; mientras más grande el grupo dentro del que estudian, más diversidad de estilos de aprendizaje habrá. Algunas veces lo que un maestro interpreta y señala en un alumno como una dificultad de aprendizaje resulta ser el reflejo de su propio uso limitado de recursos. Un maestro debe expresarse de manera que pueda aprovechar esas diferencias -siempre presentes- en un grupo. En general, el éxito en la enseñanza /aprendizaje debe involucrar tres tipos de actividad: Visual, auditiva y kinestésica.

¿Cómo identifico mi estilo de enseñanza/aprendizaje?

Las personas VISUALES:
Piensan en imágenes, se anticipan visualizando. Recuerdan o almacenan mejor lo que vieron o leyeron. Les gusta el uso de la pizarra y/o pantallas. Les encanta leer y ver películas. Se impresionan fácilmente por imágenes. Entienden o se expresan por esquemas, dibujos, mapas, líneas de tiempo. Se orientan bien por medio de mapas geográficos. Interpretan fácilmente las indicaciones ilustradas. Les gusta mantener contacto visual con lo que exploran o estudian. Comen con la vista. Prefieren la información global antes de entrar en detalles. Tienen memoria fotográfica.

Las personas AUDITIVAS:
Piensan en sonidos, saben escuchar. Captan la información paso a paso o en secuencia. Les gusta que les expliquen hablando, explicando o contando una historia, y de igual forma prefieren explicar hablando. Algunos ladean la cabeza para captar mejor el sonido. Llevan un diálogo interno o externo consigo mismos cuando necesitan aclarar ideas. Dan la impresión de hablar solos. Les gusta tamborilear con los dedos, llevar el ritmo. Les gusta la radio y los audiolibros. Recuerdan sus propias palabras y las de otros, incluso con su voz. Su memoria se conecta con la música.

Las personas KINESTÉSICAS:
Piensan en experiencias y movimientos. Sienten. Tocan a su interlocutor. Disfrutan los sabores. Explican gesticulando, mostrando con las manos o manipulando. Parecen reflexivos. Les gustan los talleres y manipular herramientas. Aprenden haciendo más que viendo o escuchando. Les gusta acariciar. Necesitan tocar, saborear, oler. Comienzan a armar antes de leer las instrucciones. Aprenden construyendo y desarmando. Tocan y experimentan para asimilar y consolidar. Captan la realidad a través de los sentidos. Entienden mejor las analogías con objetos. Su memoria está conectada con lo que experimentaron o sintieron.

La mayoría de las personas tenemos uno o dos estilos dominantes y uno débil. También es posible que no se tenga el mismo estilo para todas las tareas, una persona puede preferir el estilo auditivo para aprender un idioma, por ejemplo, y el visual para las matemáticas.

¿Cómo puedo arovechar mejor la forma en que aprendo o enseño?

Para el tipo visual: Diagramar la información, ilustrar o encontrar fotos y videos que expliquen el tema.

Para el tipo auditivo: Escuchar una plática, inventar una canción o pedirle a alguien que lea la información.

Para el tipo kinestésico: Tocar, oler, probar, manipular, armar o desarmar, en general experimentar sobre el tema.

Tanto si es para nosotros como aprendices o como maestros, o si es para nuestros hijos o alumnos, debemos buscar la forma de ‘canalizar’ o ‘codificar’ la información de la manera que se facilite asimilarla. Si se trata de un grupo, lo mejor es complementar con una combinación de los tres estilos usando VIDEO, CHARLA y TALLER.

¿Es posible cambiar nuestro estilo de enseñanza/aprendizaje?

Las variedad de experiencias que proveemos a nuestros hijos/alumnos puede marcar sus preferencias a pesar del peso genético, que es lo que nos sucedió a nosotros, lo recordemos o no; es decir que hasta cierto punto a pesar de lo que traemos de fábrica, se puede ‘educar’ la forma de aprender y enseñar con el objetivo de aprovechar mejor toda la información, o de hacerla más aprovechable para otros.

Aun si hemos crecido con una tendencia muy marcada hacia un estilo determinado, las experiencias personales, educativas y profesionales que vamos adquiriendo en la vida pueden hacer que el peso se desplace de un estilo hacia otro.

Esta es la mejor parte: Gracias a la PLASTICIDAD CEREBRAL, que se refiere a la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse a través de las experiencias nuevas, buscar y aprovechar intencionalmente diferentes fuentes de información puede realmente enriquecer nuestra capacidad de aprender y enseñar.

Para terminar…

Tengo en mi Escuela en Casa a un niño con tendencia kinestésica y visual, que a los 4 años no logró encajar en el aula de una maestra auditiva. Creo que cuando encontramos cierto tipo de queja recurrente en relación al rendimiento escolar de nuestros hijos (o incluso dificultades con nuestro propio aprendizaje), este es uno de los puntos que debiéramos evaluar, aunque no siempre es un punto negociable.

Para darles una idea de cómo funciona aquí, esta es una de varias razones por las que ha funcionado dejar que mi hijo arme y desarme legos mientras ve y escucha los vídeos de sus clases. A demás salta de la silla cada vez que ve o escucha en su clase la palabra ‘experimento’. Del otro lado de la mesa tengo una alumna que tiende más a lo visual (y también es algo auditiva), que disfruta ver y crear imágenes, y que amplia los temas de su interés anotando, explorando mapas, fotografías y vídeos. Y aquí estoy yo, aprendiendo de ellos y disfrutando mi pequeña y variada escuela.

Tenemos un cerebro maravilloso!

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¿Y si pasamos del típico frijol?

Cómo diría mi hijo: ‘Sin ofender al frijol’.

Me llama la atención por qué la mayoría de las maestras y los libros de texto no pasan más allá de la legendaria siembra de frijolito cuando de ilustrar la germinación se trata. Me dirán que el frijol es muy noble, que nace en dos o tres días en un algodón sin ningún nutriente más que agua, (lo que de paso me parece muy cruel), y que es un espectáculo mostrando sus cotiledones y la minúscula plántula, pero ¿qué tal si dejamos eso para el libro? Los niños en los colegios y escuelas debieran ser animados a experimentar con otra clase de cultivos.

Esa libertad de no tener que hacer exactamente lo que me dicta un libro es una de las cosas que más me gusta del homeschool. 

Mis hijos tienen cuyos y periquitas australianas. A Propósito, ¿sabían que los cuyos no tienen instinto de saciedad? Comen cada vez como si fuera su primera comida en una semana, por eso pensamos en hacer el experimento con algo que de paso fuera útil. Sembramos apio y lechuga romana.

¿Alguna vez han obtenido frijoles para una taza de sopa del cruel experimento del frijol germinado en algodón? No!? Entonces, les recomiendo el experimento con lechuga – el apio nunca brotó -. La bolsita de semillas de lechuga romana costó Q 2.50 en Superb Agrícola. Las sembramos en maceta porque queríamos tenerlas vigiladas, aunque bien pudo haber sido en un bote de yogurt o en la tierra. Tierra abonada, agua, Sol y una mínima parte de las semillas que vienen en la bolsa. Tres días para germinar, y cuatro o cinco semanas después nos estamos divirtiendo con nuestra cosecha de 30 hermosas lechugas que no solo van a comer los cuyos y las periquitas, se ve tan buenas que el siguiente experimento tendría que ser un nuevo aderezo!


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Consideraciones Antes de Abordar la Máquina del Tiempo



Mi alumno de 9 años va a bordo de un navío que se hizo a la mar tras una paloma; las aventuras de un hilarante pirata lo llevan hacia África. Mi alumna de 14 está explorando una Isla Misteriosa a la que un huracán arrastró a los tripulantes de un globo durante la Guerra de Secesión. Yo estoy en la ‘Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala’ donde la rivalidad entre dos familias está a punto de causar el colapso de la Capitanía General del Reino, es la época de la colonia…

Nuestro
‘Club de Lectura’ no es un lugar, es un momento; así le llaman mis hijos al momento en que me encuentran leyendo y deciden ir por sus libros e instalarse cerca de mí. Hoy estoy disfrutando mi libro y el silencio de mis niños, cada uno viajando a distinto lugar y época, es como si hubiéramos entrado en la máquina del tiempo. Pero el experimento de parar la escuela a media mañana para leer un rato necesita ajustes. Hoy el Club de Lectura debía durar media hora, pero ninguno de los tres quisimos detenernos y estuvimos literalmente en otro mundo por dos horas y media!

Qué bueno que se acercan las vacaciones porque la fila de libros que cada uno quiere leer está tan larga como emocionante.

No lo dude, los padres somos el mejor ejemplo para que nuestros hijos quieran leer y también la parte más influyente sobre lo que van a leer
, no podemos dejar al azar la elección de los libros para ellos. Aquí les dejo algunos consejos que he encontrado y han sido útiles para ayudarles a escoger su próxima aventura:
  • Considere los gustos del niño: ¿Qué le gustaría leer? Él no es nosotros y por tanto, no tienen por qué gustarle los mismos temas, su infancia no es igual a la que nosotros vivimos. 
  • ¿Le gustaría o debería? Muchas veces desestimamos un libro porque consideramos que ‘deberían’ leer otra cosa. Al igual que los adultos, a ellos también les gusta leer por diversión. Provéale ambos, los que le gustaría y por supuesto también los que debería.

  • Permítale participar de en la elección: Deje que el niño se involucre en la búsqueda de un libro, ya sea en una biblioteca o en una librería; hará que se sienta más motivado a la hora de leer. Hay que tener en cuenta su criterio y también saber aconsejarle para que vaya afinando su gusto a la hora de elegir, sin olvidar que una cosa es aconsejar y otra muy distinta imponer.
  • Dé el ejemplo: Como hablamos antes, con toda seguridad puedo decirle que los niños se sienten más interesado por los libros cuando ven a sus padres leyendo en casa, que cuando solo entran en contacto con la lectura en el colegio y por obligación.
  • Además de los gustos e intereses del niño, debemos tener en cuenta su destreza y capacidad como lector, sus lecturas previas, y también su edad. Hay colecciones de libros infantiles que dividen las lecturas recomendables por rangos de edad que facilitan la elección.
  • Es importante ofrecerle variedad de temas. No descarte la profunda impresión que van a causar sobre él los temas que lea, haga que sea una impresión positiva.
  • Si usted no lo ha leído, entérese! La cubierta y contracubierta del libro ofrecen datos útiles como el tema, los personajes o los libros con los que se relaciona. El índice da una idea sobre la trama y el estilo de la obra, en tanto que un vistazo a la primera página o a la última nos dirá si el libro puede o no interesar a nuestro lector en potencia, el niño.

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Qué más puedo hacer para que mis hijos lean?

La verdad es que no a todos les parece emocionante eso de dedicar hooooras a la lectura. Pero quiero creer que solamente es cuestión de encontrar el tema. A Propósito, no es mala idea tomar la lectura por temas, autores, épocas… Volviendo a mi propia experiencia, recuerdo que cuando mi mamá me habló de los Tres Mosqueteros, me volví adicta a las novelas históricas de Alejandro Dumas. Cuando descubrí que me gustaba leer guiones de teatro, leí las obras de Shakespeare. En el caso de mi hija, después de que llegó a la pantalla: ‘Las Crónicas de Narnia: El león, la bruja y el ropero’, le entró el interés por leer las 7 historias. Y si hablamos de mi chico de 8, a él le interesan los dinosaurios, está viajando en el tiempo hasta el período Jurásico persiguiendo un Peteinosaurus o un Diplodocus.

Aventuras… Hablar con mi hija sobre lo emocionante que fue para mí dar ‘La vuelta al mundo en 80 días’, descubrir lo que escondía ‘La isla misteriosa’, o pasar peripecias con ‘El Príncipe y el Mendigo’ al cambiar de lugar, ha sido una de las mejores formas de animar a mi hija a leer. Y por supuesto, ponerla en medio de las estanterías en una feria del libro, mientras sin ponerle presión ni atención, ha visto como su abuelita y yo nos perdemos entre todos los títulos que nos quisiéramos comer. En resumen, entusiasmo!

Dejemos que lean del tema que les gusta, igual que nosotros. Siempre y cuando el libro cuente con nuestra aprobación, para formar el hábito de la lectura el tema es lo de menos, aunque probablemente lo que los impresione de niños va a influir mucho en su futuro. También es posible que en el camino descubran que cierto tema no es lo que esperaban. Podemos permitirles dejar un libro a medias? Nosotros lo haríamos si el libro no es lo que esperamos, pero que tampoco se vuelva rutina dejar nuestros libros sin terminar.

Leer con ellos y para ellos, y hacerlo con interés es otra de las cosas que propone ‘Unschoolery’. Estoy de acuerdo. Que nuestros hijos amen leer puede estar muy relacionado con la experiencia de estar cerca de nosotros y contar con nuestra ‘total’ atención. No estoy hablando de lectura por tarea, o para una tarea, sino de disfrutar con ellos el mundo mágico de la imaginación o un viaje en el tiempo y la distancia.

Imaginación… de eso se trata. Cuando vemos una película hay poco espacio para la imaginación, la ‘imagen’ está hecha. Cuando leemos un libro, nosotros construimos la imagen. Y hay más, leer nos obliga a pensar, a ordenar ideas, a interrelacionar conceptos, a ejercitar la memoria. Nos ayudan también desarrollar la empatía al permitir que nos sumerjamos en lo que viven los personajes y en las relaciones que establecen entre ellos. Y, sabían que según un estudio de la Universidad de Oxford, los lectores habituales en la adolescencia tienen más posibilidades de éxito profesional cuando son adultos? Punto y final!

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Frank Navasky y el Hábito de la Lectura

Leer es una de las cosas que más me gusta. Es lo que quiero hacer en una tarde de lluvia, en un fin de semana sin compromisos, antes de dormir, mientras espero a mis hijos en el entreno… (De hecho sus entrenos me han dado 5 horas extra a la semana de nada más que leer y tejer entre el carro, qué maravilla!) 

Me encanta el énfasis con el que Frank Navasky dice, en una de mis películas favoritas (You've got mail): ‘You are what you read’, eres lo que lees. Leer nos pone en la mano el mundo, lugares, personajes, épocas. Leer nos hace saber, entender y crecer, y como dicen por allí, perjudica seriamente la ignorancia.



Siendo la lectura todo esto y más, me parece que es una de las cosas más valiosas que podemos dejarle nuestros hijos. Recientemente leí en el blog 'Unschoolery' algunos consejos para inculcar en los niños el hábito de la lectura. De todos ellos, me parece que el más importante es el ejemplo. Había estado pensando en esto desde un día en que mi invitado especial de la noche (mi hijo de 8 años), se me quedó mirado cuando le dije que ya iba a apagar la luz, y entonces con tono de risa me respondió: 'No es cierto, tú todavía vas a leer!'



Entonces, leamos para nosotros mismos. Nuestros hijos nos ven todo el tiempo, no podemos ayudarles a ellos a adquirir el hábito de la lectura si nunca nos ven con un libro en la mano. La buena noticia es que nunca es tarde para iniciar. A algunos probablemente nunca les gustaron las lecturas obligatorias del colegio. A otros raros y contados nos encantaron. Recuerdo que en una de esas tantas lecturas en básicos tuve que leer 'El Canasto del Sastre', de José Milla y Vidaurre. En las vacaciones mi mamá tuvo que ir a comprar 'Memorias de un abogado', 'Los Nazarenos' e 'Historia de un Pepe'. El año en que el colegio nos llevó a ver la obra de teatro 'Los árboles mueren de pié', de Alejandro Casona, además de ese, tuvo que comprar 'La sirena varada', 'Nuestra Natacha', 'Prohibido suicidarse en primavera', 'La dama del alba', 'La barca sin pescador'… 



A Propósito, ahora que lo pienso, mi mamá siempre tenía un libro en su mesa de noche, y nunca dudó en conseguirme lo que se me ocurría que quería leer a continuación. Qué gran ejemplo… Gracias Mami!