A Propósito de Familia


Por si no leyeron el post anterior, Misofonia no es la señora de al lado. Les dejo aquí el link para que no se queden con la duda.

Mientras más sé de personas con Misofonia alrededor del mundo más me doy cuenta de cuánto necesitan ser escuchados, conocidos y comprendidos. La lista de sonidos detonantes es diferente entre ellos, para muchos es el ruido que hacemos al comer, para otros cosas que no tenemos idea que pueden molestar a alguien… llaves sacudiéndose, la mordida en una manzana, el click de un lapicero. Lo que parece ser igual para todos los misofónicos sin importar si están en Argentina, España o Illinois, es que sienten que la gente a su alrededor no los entiende. A muchos ni siquiera les creen que el problema es real. Lo es, es una rara condición neurológica.

Incluso muchos de ustedes leyendo ahora deben pensar que es inverosímil que alguien se moleste por el sonido que hacemos al beber agua. No me extrañaría que piensen que un misofónico es un quisquilloso malcriado que no puede controlar sus emociones. Conozco a mi hijo. Ese no es el caso. Y al contrario, muchos misofónicos de los que he sabido en los últimos días suelen pensar así de nosotros. Para ellos, los que producimos esos sonidos ‘normales’ para nosotros, somos quienes debiéramos cambiar. Esto resulta frustrante para ellos también, por eso me gustaría contarles cómo se ve y cómo se siente vivir con un misofónico. 

Muchos misofónicos viven con cierta calma, pero puesto que la sensibilidad selectiva es totalmente ajena a ellos y no escogen qué ruidos los van a molestar, el sonido detonante los sorprende en cualquier momento.

Para mi hijo, cuyos sonidos detonantes suceden en momentos muy específicos todo es normal la mayor parte del tiempo. Es posible que nadie lo note porque siendo un niño no siempre está obligado a cumplir con todas las formalidades de permanecer quieto. Tanto comiendo afuera como dentro de la casa, él puede moverse, buscar un lugar donde no tenga a nadie enfrente, jugar con algo, platicar de todo lo que pase por su mente, ir a jugar a otro lugar, y/o simplemente escoger no comer. Cuando comemos afuera probablemente pedirá que le empaquen la comida para llevar, comerá cuando nadie lo esté haciendo y asunto resuelto. Todo lo que acabo de mencionar es parte de un mecanismo de huida que lo ayuda a manejar la ansiedad y la angustia.

Sucede que hay días en que parece estar más tolerante que otros. Cuando la situación es inevitable pero su tolerancia es alta puede permanecer en el lugar, aunque es muy probable que no disfrute su propia comida. Afortunadamente no le molestan todos los ruidos ni todas las personas. Usualmente no le molesta comer con otros niños, en cambio le molestan un poco comer con personas mayores. Estas ‘aparentemente inexplicables diferencias’ también son comunes entre misofónicos. Ahora mismo me estoy comiendo unas galletas cerca de él; está pendiente, pero está ocupado y hay más sonidos a nuestro alrededor que lo ayudan a distraerse. 

Otras veces, cuando su tolerancia es baja y no puede hacer nada de lo anterior, entonces sí, cualquiera notaría en su carita que algo anda muy mal; los síntomas son claros. Por fuera verían expresiones de desagrado, pero eso es solo el inicio de la ansiedad y angustia que ya siente por dentro. A veces es muy atrevido pidiendo que dejen de hacer el ruido y otras veces hace algo para llamar la atención y que sepan que está molesto, aunque no entiendan la causa. Se mueve con impaciencia buscando la forma de alejarse. La frustración y el malestar lo pueden hacer llorar.

Dentro de esta descripción en que mencioné síntomas de nivel 0 a 9 les podría mostrar claramente el paso por los otros niveles. La hiper-vigilancia del nivel 3 por ejemplo; una vez el sonido detonante se presentó, el cerebro lo sigue buscándolo obsesivamente, es decir que puede ser que ya no lo escuche, pero el estímulo visual hace difícil para el cerebro olvidarlo y tranquilizarse. También les sucede que pasado el día, la semana o el mes, vuelven a recordarlo. Me impresiona la forma en que esto le pasa a Josué. Lo que lo angustió en algún momento vuelve a angustiarlo al solo recordarlo, es como una pesadilla recurrente, síntoma clasificado como de nivel 7. Si encuentran alguna similitud, y/o saben algo del Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), me atrevo a decir que no es coincidencia. De hecho pienso que hay algo de eso en la misofonia, pero hasta ahora esta relación no es parte de los estudios, solo es la conclusión a la que llegan unos pocos ‘miso’.


Los misofónicos suelen tener problemas con sus padres, hermanos, amigos y parejas. Para algunos son momentos específicos, para otros son sonidos que los persiguen durante todo el día. Algunos han comprobado que el sonido es más molesto cuando proviene de alguien afectivamente cercano, para otros es indiferente de quién provenga. Los niños tienen problemas para adaptarse a la escuela, muchos adultos trabajan con tapones en los oídos o con audífonos. Algunos tienen parejas y/o familia que buscan ayudarlos, otros se han aislado por la incomodidad y la incomprensión.

Hoy ni las bromas ni nada de lo que usualmente hago para distraer a mi hijo funcionó. Lo abracé en medio de su crisis tratando de consolarlo y de hacerle saber que lo entiendo, o que al menos trato. Supongo que la mayoría de los padres me van a entender, es angustioso ver a un hijo sufrir en cualquier forma. La ganancia en nuestra experiencia de hoy fue que al sentirlo tan angustiado traté de aislar para mí misma el sonido que lo estaba molestando. Sabía de qué se trataba; era el ruido de los cubiertos y el plato mientras su hermana comía. Ella no lo hace intencionalmente, tampoco es porque no tenga educación para comer como un incomprensivo poco empático me dijo. Ella estaba calculando sus movimientos y haciendo el mínimo de ruido, pero traten ustedes de entender, el ánimo de un misofónico se altera en segundos cuando escucha el detonante. Como ellos mismos dicen, pasan en un momento de 'oso Teddy a oso Grizzly’, de 'Bruce Banner a Hulk’. Ponerme en su lugar me dio una idea. Los cubiertos desechables no causan el mismo ruido! Su hermana accedió a usarlos y en cuanto cambió el ruido el problema quedó resuelto. Batalla ganado por hoy.

Cuando lo compartí en los dos grupos de misofónicos a los que me uní en Facebook, varios me dijeron que en su casa llevan años comiendo con cubiertos e incluso platos desechables. Nosotros hemos tenido unos días de calma a la hora de comer con este cambio. Muchos misofónicos se alejan, comen en otra habitación. Es cierto, se pierde un valioso momento de interacción familiar, pero no lo pasan tan mal; para ellos es el precio de la calma. La familia sufre porque a veces cuando comemos juntos nos turnamos, lo dejamos comer primero o él espera que terminemos, pero creo que todos debieran ir entendiendo… Para mí es más valioso que mi niño no se altere, hay muchos otros momentos para compartir.

También les conté en el post anterior que le molesta el sonido del roce de ciertas telas. Eso para mí significa unas tres prendas de vestir que ya no uso. Es triste verlo empuñar sus manitas escondiendo los dedos para evitar el contacto. Antes lo regañaba, me molestaba que no usara bien sus manos, que tomara algo con los puños o las muñecas porque no me había dado cuenta de qué era lo que le molestaba. Ahora distinguimos de lejos el ‘material’, como él le dice, y lo evitamos. Ambos estamos entendiendo, y estamos mejorando. Le molesta el sonido cuando comemos cosas crujientes y escuchar toser. Los niños pequeños gritando también lo alteran. No se lo he dicho a él, pero leyendo el testimonio de otros misofónicos veo que no es el único que quisiera parar a la persona en seco y decirle: ‘Alto! Deje de hacer ese molesto ruido!’ Algunos dicen que quisieran simplemente ‘educar’ a toda la gente.

Seis años después de que estuvo por primera vez en el colegio entiendo la razón por la que la maestra me decía que pasaba solo el tiempo de recreo. Ella y yo no pudimos entender en ese entonces por qué siendo un niño tan comunicativo y sociable en clase, al salir al patio se la pasaba caminando o corriendo solo. Hace poco tiempo que él lo entendió y pudo contarme. Era pequeño pero recuerda los gritos de los niños jugando y la desagradable impresión y molestia que le causaba que hablaran mientras comían. 

Nos falta mucho camino por recorrer en esto. El pronóstico es que la Misofonia es progresiva, que va en aumento, pero talvez porque mi hijo comenzó muy pequeño ambos nos hemos hecho fuertes; lo he visto mejorar. Pienso que es similar a vivir con un asmático o con un alérgico. Si fuera alguien en su familia trataría de ayudarlo verdad? Usted haría cambios, evitaría el polvo, las alfombras, o la comida que le causa alergia a esa persona que ama, o no? Seguro que sí. Cuando encuentre a alguien con una historia como esta recuerde, los misofónicos alrededor del mundo necesitan su ‘silenciosa comprensión’.

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A Propósito de Palabras Desconocidas: Misofonia - Parte 1 de 2



Mi familia y yo estábamos en un almuerzo, en una mesa con seis personas más, cuando mi hijo que entonces tenía cuatro años me preguntó si podía llevarse su plato e ir a comer a otro lugar. Lo dejamos ir a la mesa vecina que estaba completamente vacía. Lo vi caminar hacia ella con paso decidido sujetando su plato con ambas manos. Me hizo reír verlo subirse en la silla, tan pequeño y tan serio. Él estaba tan seguro de sí mismo que no nos volteó a ver cuando el mesero le preguntó con toda formalidad qué quería que le sirviera de beber. Pidió y comió, y un rato después llegó para decirme que ya había terminado y que iba a ir a jugar.

La razón por la que lo recuerdo tan bien es porque fue una de las primeras veces en que mi chiquito manifestaba incomodidad al comer entre varias personas. No era incomodidad porque lo vieran, era una extraña incomodidad al ver y escuchar comer a otros.

Seis años han pasado y en este tiempo la historia se ha repetido continuamente. Tengo que confesar que la mayor parte del tiempo la situación ha sido molesta; llegó al extremo de no querer comer con nosotros en la misma mesa, o al menos al mismo tiempo. Imaginen la incomprensión, los comentarios y regaños que ganó. Muchas veces no come en las reuniones o come poco para levantarse pronto, y otras veces busca un lugar donde no tenga a nadie enfrente y/o algún medio para distraerse.

Aunque siempre ha sido muy expresivo entender lo que le pasaba me tomó algo de tiempo. Comencé a poner más atención cuando me di cuenta que la molestia que sentía era real y estaba fuera de su control, y entonces también comencé a investigar. Busqué la explicación por los síntomas, pero abandoné el tema porque no encontré nada concluyente. No pude hacer más que armarme de paciencia y comprensión y tratar de ayudarlo a manejar la ansiedad. 

En todo este tiempo no había escuchado de alguien más con esta misma ‘peculiaridad’ o encontrado que tuviera un nombre hasta que… por fin! Hace unos días por casualidad pasé sobre el título de un artículo que me llamó la atención, decía: ‘¿Te molesta mucho el sonido de la gente cuando mastica? Es muy probable que seas un genio creativo.’ Dejemos a un lado el genio creativo que por cierto mi hijo sí es. Dentro del artículo en el que describían taaaan bien lo que hemos vivido con él por años, encontré la palabra clave: Misofonia (aversión al sonido).

Les dejo un fragmento textual del artículo para que me entiendan…

‘Si eres de los que se llena de rabia cuando escucha el sonido de la gente masticando puede que tengas una condición que se llama Misofonia, que consiste en una sensibilidad selectiva al sonido que provoca un sentimiento de desagrado muy grande para quien la padece. Puedes creer que es una tontería, pero cerca de un 20%* de la gente sufre de esta condición que es bastante molesta ya que no importa si es un ser querido quien provoca el sonido, aun así la persona siente un enojo muy grande y a veces incluso debe irse a otro lugar para no tener que seguir sufriendo esa tortura. Esta reacción puede provocar peleas porque no todos entienden este malestar. Y más cuando muestras tu rabia con expresiones faciales haciendo notar tu gran enojo.’ (fuente: http://www.upsocl.com)

*En otras fuetes encontré valores que no sobrepasan el 10% hasta el 2010.

Busqué más sobre esto y encontré en cada artículo básicamente lo mismo. No es Fonofobia (hipersensibilidad al sonido, con origen psicológico), y no es Hipoacusia (la persona percibe el sonido a una intensidad mayor a la real, con origen físico). La Misofonia, nombre que le dieron alrededor del año 2000, es una condición neurológica (con origen en las altas estructuras del Sistema Nervioso Central) que apenas fue clasificada como enfermedad y explicada en unos pocos libros a partir de 2010. También se le conoce como Síndrome de Sensibilidad Selectiva al Sonido (SSSS o 4S). Se describe como una ‘disminución en la tolerancia a ciertos sonidos.’ Las personas que lo sufren reaccionan de forma irracional ante sonidos específicos: Masticar, toser, el motor de un reloj, cierto tipo de música, el olfateo o ladrido de los perros, etc. Creen que suele aparecer al final de la infancia, pero permítanme ponerlo en duda, pienso que para un niño pequeño es difícil describir el malestar que siente o incluso identificar la causa, como le pasó a mi hijo. 

Otra cita textual: ‘Las personas que padecen misofonia se sienten alienadas e incomprendidas porque se les suele tildar de histéricas o exageradamente sensibles porque al escuchar el sonido detonante reaccionan con irritabilidad, rabia, pánico e incluso violencia.’ (fuente: www.misophonia-uk.org y http://www.saludterapia.com) 

Después de leer más sobre la misofonia descubrí que la molestia más común es oír comer, pero hay una larga lista de sonidos reportados como detonantes. Llegó el momento de decir que estoy muy arrepentida por las injustas llamadas de atención que le hice por quejarse o hacer caras. Viendo hacia atrás, a parte del sonido que producimos al masticar, son sonidos muy específicos los que exasperan a Josué, como el de un tenedor al raspar un plato o el sonido que produce el roce de ciertas telas como la de la tapicería del carro de su papá, por ejemplo. Me costó un poco relacionar las telas porque pensaba que era la textura lo que no le gustaba, pero resulta que producen un sonido casi imperceptible. Lo que sí me causó gracia fue cuando a los cuatro años le molestaba muchísimo silabear con la letra ‘f’. Me decía que la vibración que producía en su boca era ‘muy desagradable’.


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A Propósito de Palabras Desconocidas: Misofonia - Parte 2 de 2





La causa aun es una incógnita en investigación, pero la ‘posible’ explicación de su origen es similar a lo que sucede con otra condición un poco más conocida; el Tinnitus (un timbre fantasma dentro del oído que solo percibe quien lo padece). Se relaciona con un daño en la corteza prefrontal medial cuyas funciones incluyen el estado de alerta y control de emociones

Voy a omitir explicarles cómo lo experimenta mi hijo y lo que yo veía en él porque a mi parecer la lista de síntomas es clara. La lista de los síntomas de la misofonia es a la vez una evaluación de la gravedad o escala de activación con 11 niveles (de 0 a 10). Para que tengan una idea, yo he estado trabajando sin saber, en ayudar a un niño con misofonia de nivel 9, en algún momento a lo largo de los años ha experimentado los otros niveles, pero nunca ha llegado a 10.

La siguiente lista se síntomas es una traducción literal de ‘The Misophonia Activation Scale’ (MAS-1) 

Nivel 0 – La persona con misofonia oye un sonido de disparo conocido, pero no siente ninguna molestia.

Nivel 1 – La persona con misofonia es consciente de la presencia de la persona que origina el ruido pero no siente o siente ansiedad mínima.

Nivel 2 – El conocido sonido de disparo provoca malestar psíquico, mínima irritación o molestia. No hay síntomas de pánico o respuesta de lucha o huida.

Nivel 3 – La persona con misofonia siente crecientes niveles de malestar psíquico pero no se involucra en cualquier respuesta física. La víctima puede estar hiper-vigilante a estímulos audiovisuales.

Nivel 4 – La persona con misofonia se involucra con una mínima respuesta física - sin confrontaciones o con algunas conductas de afrontamiento, tales como pedir a la persona que deje de hacer ruido, discretamente se puede cubrir un oído, o pasar tranquilamente lejos del ruido. No hay síntomas de pánico o de huida claros.

Nivel 5 – La persona con misofonia adopta mecanismos de supervivencia más polémicas, como abiertamente cubrir sus orejas. Suele mostrar irritación manifiesta.

Nivel 6 – La persona con misofonia experimenta malestar psíquico considerable. Los síntomas de pánico y una respuesta de lucha o huida, comienzan a participar.

Nivel 7 – La persona con misofonia experimenta malestar psíquico considerable. El uso creciente (más fuerte, más frecuente) de los mecanismos de supervivencia como confrontación al sonido. El paciente puede volver a imaginar el sonido de disparo y señales visuales y de nuevo, a veces durante semanas, meses o incluso años después del evento.

Nivel 8 – La persona con misofonia experimenta malestar psíquico considerable. Pueden surgir algunas ideas de violencia.

Nivel 9 - Pánico/reacción rabia en pleno apogeo. Decisión de no recurrir a la violencia en la persona causante del sonido. Evitación real de la cercanía al ruido y / o el uso de la violencia física hacia un objeto inanimado. La irritación, el pánico, la ira puede manifestarse en la conducta de víctima.

Nivel 10 - El uso real de la violencia física contra una persona o un animal (por ejemplo, un animal doméstico). La violencia puede ser infligida hacia sí mismo (auto-daño).

Según las investigaciones se pude ayudar a la persona a que disminuyan los síntomas con la terapia de reentrenamiento del tinnitus (aprender a vivir con el síntoma) y terapia cognitivo-conductual, (que busca vincular el pensamiento y la conducta). También puede ayudar unirse a un grupo de apoyo ya que aun no hay una cura específica para la misofonia. Se puede ayudar al paciente a ‘tolerarla’, a entender y hablar acerca del problema. Ellos dicen que tratar de evitar el sonido detonante puede empeorarla, esto también lo pondría en discusión cuando se trata de niños pequeños.

Ahora Josué tiene 10 años. Con el paso del tiempo dejaron de molestarle ‘todas’ las personas que ve y oye comer; por supuesto aun le molestan algunas. Él se ha esforzado y nosotros nos hemos adaptado un poco a sus diferencias. Últimamente lo ha ayudado entender y hablar, saber que hay más personas cómo él lo anima a afrontar, pero habiendo comenzado tan pequeño el camino ha sido largo. Ha aprendido a controlar un poco la ansiedad que siente, sin embargo los síntomas siguen bastante fuertes cuando se trata de otros ruidos detonantes especialmente entre su familia inmediata, y el foco más grave de su molestia sigo siendo yo. Llegué al extremo de reclamarle que prefiriera verme morir de hambre que acompañarme a comer. Se imaginan lo frustrante que esto puede ser? Uno de los estudios que encontré sobre la misofonia describe que mientras más estrecho es el lazo afectivo que el misofónico tiene con una persona, más molesto es para él que esa persona produzca el ruido. Ajá… soy la madre de un niño misofónico que me ama muchísimo. Y porque yo también lo amo voy a seguir investigando cómo ayudarlo.

Les he contado toda esta historia pensando en que probablemente alguien más ha pasado por esto sin saber que la molestia era real, que no estaba solo en su cabeza. He encontrado algunos grupos de apoyo en Facebook, pero ninguno aquí por ahora. Allí he leído muchos testimonios de todo tipo de personas en diferentes lugares del mundo. Por la poca información que hay, (quiero decir que probablemente encuentren varios artículos y todos dirán básicamente lo mismo), es de gran ayuda compartir experiencias con otros, e incluso hablar con alguien a cerca de lo que le ha ayudado. Si se ha identificado como una persona con algún grado de misofonia o conoce a alguien que podría padecerla, por favor comuníquese.


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A Propósito del Sobrenombre


Si Betty Marmol fuera real me gustaría preguntarle qué ve en Pablo, y cómo se siente él cuando ella le dice ‘Cuchi chuchi’. Por seguro solo le ve el tamaño y no el gran corazón con que saca de apuros a su gruñón amigo Pedro Picapiedra.

Un día estaba platicando con mi hijo sobre las responsabilidades y privilegios de su edad. En la corta plática yo le hacía notar cuánto había crecido. Terminamos. No habían pasado ni dos minutos cuando se golpeó jugando. Me acerqué a él y con toda la preocupación de mamá le dije: ‘Déjame ver tu bracito.’ Inmediatamente me respondió: ‘¿Bracito? ¡No he crecido nada!’ Más claro imposible. Como le digo se siente. También recuerdo el día en que se puso celoso porque usé un sobrenombre cariñoso para dirigirme a un amiguito. Obviamente en el sobrenombre captó muy bien el sentimiento.



A lo mejor yo tengo la culpa de que mi enorme Golden Retriever de más de noventa libras crea que cabe con nosotros en el mismo sillón, o que puede acostarse sobre mis piernas sin cortarme la circulación… ¿se sentirá tamaño Chihuahua porque le habló como a un ´perrito´?



Sobrenombres: descriptivos, divertidos, crueles, cariñosos. Sea cual sea el que use para dirigirse a alguien puede influenciar la forma en que la persona se ve o se siente sobre sí misma, incluso la forma en que se comporta. Jamás use un sobrenombre negativo para llamar la atención a su hijo, o para señalar una característica negativa en un amigo. No le diga ‘gordo o gorda’ a una persona para quien su peso es un conflicto, o ‘flaco’ o ‘cuatro ojos’ a quién esta característica le hace sentir rechazo o inadecuación. No le ponga a su hijo un sobrenombre que lo avergüence frente a sus amigos. ¿Cuántos han llegado a adultos deseando cambiar ese sobre nombre que los persigue dese hace años? Se necesita una autoestima alta y un entorno de respeto para superar el daño de un sobrenombre que causa inseguridad, intimida o agrede. No todos lo logran.



Poner sobrenombres es la forma más común de bullying, pero también hay sobrenombres que confieren cierto grado de poder dentro de un grupo o pandilla. También están los que alientan y estimulan características positivas y deseables. Los sobrenombres pueden definir ciertos aspectos de la vida de una persona, pueden beneficiar o pueden perjudicar la identidad. Con razón vemos en la Biblia que las personas recibían su nombre proféticamente, según el propósito para el que habían sido llamados: David, el segundo rey de Israel, ‘el amado’, ‘el elegido de Dios’. Sansón ‘el que sirve a Elohim’ o ‘el Sol’. Jesús, ‘Jehová salva’.



¿Ha escuchado la frase: ‘Los palos y las piedras pueden romper mis huesos, pero las palabras nunca lograrán herirme’? Pues no es verdad. De hecho casi cualquier herida física puede sanar, pero lo que causan las palabras, puede quedarse por toda nuestra vida. ‘Las palabras dejan huella. Las palabras tiene poder para sanar o para herir.’ Usemos nuestras palabras para bendecir.




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Para Riley, para mis amigos que tienen perro y para quienes estén pensando tener uno


Hace un par de semanas que nos cambió la vida decirle adiós a Brinkley e incluir a Riley en nuestras actividades dentro de la casa. Nuestros perros tenían su propia agenda; esa fue nuestra preocupación, ¿en qué forma podía afectar a Riley perder a su padre y cambiar su rutina? Supongo que nadie pondría en duda que los animales también pasan un proceso de duelo. Ellos también necesitan paciencia y comprensión. Nosotros tenemos ahora un perrito al que le ha tomado más de dos semanas recuperar el interés por salir al jardín, que nos mantiene contados y protesta cuando pierde a alguien de vista. 



Como no era posible salir con dos perros de más de 90 libras en un carro de tamaño regular, perdimos la práctica en salir a la calle con dos niños y perros; ahora estamos en tiempo de aprendizaje. Tengo un plato para agua, una toalla, una pelota y una correa en mi carro, y bolsas plásticas en mi bolsa, - que gracias a Dios no he tenido que usar!- Ahora nuestra ropa tiene pelo dorado. En días de lluvia ensuciamos el doble de trapos limpiando patitas. No he tenido que cuidarme de travesuras, (excepto el lápiz que masticó esta mañana), pero estoy buscando la mejor forma de recoger su pelo de los sillones. Tengo a alguien más a quién informar de mis movimientos, y que mete la nariz cuando estoy poniéndome las botas. Me hace contar las horas cuando salgo de la casa, y hay más que planear si decido llevarlo conmigo.



Aun cuando no imaginé lo doloroso que iba a ser ver salir a mi perro y luego verlo regresar reducido a cenizas en una cajita, aun sabiendo que ellos viven pocos años y aun con todos los cambios que tuvimos que hacer en estas semanas, no dejaría de tener un perro. Claro que duele perder uno, pero al aceptar otro nuestro corazón se expande en lugar de endurecerse, igual que pasa cuando ganamos un nuevo amigo.



Hay gente ‘de gato’, ‘de iguana’ o ‘de hamster’, y me pregunto si todos los animalitos nos hacen sentir lo mismo. Ese sentimiento que me causa Riley cuando sus ojitos me ven con esperanza, cuando su cola me dice que se alegra de verme, cuando intenta alcanzarme con su patita para llamar mi atención. Estoy leyendo en un sillón, y este peluche de 90 libras prefiere estar a mis pies como alfombra que en cualquier otro lugar. He oído personas decir que no tienen uno por que no tienen espacio, y es importante, pero yo teniéndolo he visto que los perros buscan espacio en nuestro corazón. 



Dicen que tener una mascota ayuda a los niños a formar responsabilidad, también empatía, que a los adultos nos reduce el estrés, y que otras razas ayudan con el asma. Yo solo sé que un perrito es amor incondicional. Compruébelo usted. Respire profundo, mírelo a los ojitos y ame a su perro!



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Hasta la Vista Mi Querido Brinkley

Recuerdo el día en que te adoptamos. Gordito, alegre, noble y cariñoso; poco a poco fuimos descubriendo que eras tú quién adoptó a una familia. Pensamos que teníamos que enseñarte algunas cosas para que te portaras bien dentro de la casa, en el proceso tuvimos algunos accidentes, pero fue fácil cuando comenzamos a entender lo que necesitabas y lo que querías. Decíamos que eras tan listo, y seguro eso pensabas tú de nosotros: ‘Qué listos los humanos, ya van aprendiendo.’ Nos diste una gran lección de ternura, paciencia y empatía. 

Fuiste tan bueno con los niños; por mucho tiempo se lo atribuíamos a tu raza. Nos tardamos un poquito en darnos cuenta que pensabas que eran tus propios cachorros. Jugaste con ellos, masticaste algunos juguetes, aullabas cuando la pequeñita lloraba, tratabas de no botar de tu lomo al que te quería montar como caballo. Los viste crecer y a lo largo de esos años repartiste tantas lamidas y sonrisas. Cada vez que te veíamos no dudábamos que tu expresión era una enorme sonrisa.



Gran compañero de caminatas. Anticipabas el momento tan feliz! Disfrutabas tanto correr por el campo! Nunca vamos a olvidar el día en que pensamos que te habías extraviado. Tú debes haber estado preocupado de que tu humano se hubiera perdido, y buscándolo regresaste antes que él a la casa. Esas alegres caminatas de madrugada tuvieron que acabar por el peso que los años pusieron sobre ti, pero nunca pareciste estar triste. Aceptaste igual de sonriente tus canas. 



Y cuando pensamos que necesitabas compañía de otro perro… Estabas bien solo, pero ese perrito necesitaba amor y enseñanzas de papá y tú no dudaste en recibirlo. Tan paciente y tan firme, que fuiste tú quien educó a Riley y no nosotros. Hiciste luchitas con él cada mañana, como hacen los papás con sus hijos. Le enseñaste qué hacer y qué decir cuando algún camión interrumpía la tranquilidad de nuestro territorio. Ese perrito que vino a avivar tus días creció más pendiente de ti que de nosotros. 



No te preocupes Brinkley, nosotros nos vamos a cuidar ahora. Vamos a proteger a tus cachorros humanos y vamos a jugar con Riley. Gracias por regalarnos tu amor desinteresado por tantos años. Estamos seguros de que te veremos en el cielo. Vamos a esperar ese feliz día en que nos vuelvas a mover la colita con tu alegre sonrisa. Allá podremos hacer más caminatas y jugaremos con tu pelota.  Hasta siempre mi Iki, te amamos.



Tu familia










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Consideraciones Antes de Abordar la Máquina del Tiempo

Mi alumno de 9 años va a bordo de un navío que se hizo a la mar tras una paloma; las aventuras de un hilarante pirata lo llevan hacia África. Mi alumna de 14 está explorando una Isla Misteriosa a la que un huracán arrastró a los tripulantes de un globo durante la Guerra de Secesión. Yo estoy en la ‘Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala’ donde la rivalidad entre dos familias está a punto de causar el colapso de la Capitanía General del Reino, es la época de la colonia…


Nuestro ‘Club de Lectura’ no es un lugar, es un momento; así le llaman mis hijos al momento en que me encuentran leyendo y deciden ir por sus libros e instalarse cerca de mí. Hoy estoy disfrutando mi libro y el silencio de mis niños, cada uno viajando a distinto lugar y época, es como si hubiéramos entrado en la máquina del tiempo. Pero el experimento de parar la escuela a media mañana para leer un rato necesita ajustes. Hoy el Club de Lectura debía durar media hora, pero ninguno de los tres quisimos detenernos y estuvimos literalmente en otro mundo por dos horas y media!



Qué bueno que se acercan las vacaciones porque la fila de libros que cada uno quiere leer está tan larga como emocionante.



No lo dude, los padres somos el mejor ejemplo para que nuestros hijos quieran leer y también la parte más influyente sobre lo que van a leer, no podemos dejar al azar la elección de los libros para ellos. Aquí les dejo algunos consejos que he encontrado y han sido útiles para ayudarles a escoger su próxima aventura:

  • Considere los gustos del niño: ¿Qué le gustaría leer? Él no es nosotros y por tanto, no tienen por qué gustarle los mismos temas, su infancia no es igual a la que nosotros vivimos. 
  • ¿Le gustaría o debería? Muchas veces desestimamos un libro porque consideramos que ‘deberían’ leer otra cosa. Al igual que los adultos, a ellos también les gusta leer por diversión. Provéale ambos, los que le gustaría y por supuesto también los que debería.

  • Permítale participar de en la elección: Deje que el niño se involucre en la búsqueda de un libro, ya sea en una biblioteca o en una librería; hará que se sienta más motivado a la hora de leer. Hay que tener en cuenta su criterio y también saber aconsejarle para que vaya afinando su gusto a la hora de elegir, sin olvidar que una cosa es aconsejar y otra muy distinta imponer.

  • Dé el ejemplo: Como hablamos antes, con toda seguridad puedo decirle que los niños se sienten más interesado por los libros cuando ven a sus padres leyendo en casa, que cuando solo entran en contacto con la lectura en el colegio y por obligación.
  • Además de los gustos e intereses del niño, debemos tener en cuenta su destreza y capacidad como lector, sus lecturas previas, y también su edad. Hay colecciones de libros infantiles que dividen las lecturas recomendables por rangos de edad que facilitan la elección.
  • Es importante ofrecerle variedad de temas. No descarte la profunda impresión que van a causar sobre él los temas que lea, haga que sea una impresión positiva.

  • Si usted no lo ha leído, entérese! La cubierta y contracubierta del libro ofrecen datos útiles como el tema, los personajes o los libros con los que se relaciona. El índice da una idea sobre la trama y el estilo de la obra, en tanto que un vistazo a la primera página o a la última nos dirá si el libro puede o no interesar a nuestro lector en potencia, el niño.


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Enferma pero Agradecida

Esta gripe que me ha estado persiguiendo por casi tres semanas al fin me alcanzó. Parece que yo había estado muy fuerte como para que ella progresara. Ni modo, démosle algo de crédito, por fin me encontró descuidada y siendo más perseverante que yo, lo logró.



Aquí me tiene tomando mucha agua como me dijo mi madre, el jarabe para la tos que me dijo mi suegra, haciendo el tratamiento que leyó en internet mi esposo, tratando de descansar como me dijo mi amiga… pero vamos, es que realmente las madres no tenemos tiempo para enfermar!



Supongo que todas las mamás nos agobiamos un poco al tener que detener nuestro tren. Cuando los demás se enferman corremos para atenderlos, si nos enfermamos nosotras, no queda más que suplicar misericordia. Paré un momento para ver exactamente por qué es que siento que no puedo enfermar. Interesante, detrás de cada razón tengo algo muy grande que agradecer…



En esta casa todos ayudan, suelen hacer su mejor esfuerzo, pero si no estoy, parece que mi equipo sin directora quiere irse a la huelga… Les gusta mantenerse orbitando alrededor mío en lugar de dejarme dormir, a ver si en algún momento me ven animada como para ver una película conmigo, o pedirme algo de la cocina. En lugar de quejarme porque no me dejan descansar, voy a apreciar que me aman. Sí, yo sé que me aman, se aburren de tener que hacer su vida sin mí! Gracias Dios por mi familia.



Si no quiero salir a la calle, sino quedarme en mi cama, tengo que ser más específica sobre los favores que pido; así no recibo de vuelta dos camisetas exactamente iguales para dos niños que se llevan 5 años y muchas tallas de diferencia… Gracias a Dios que tengo esposo, ciertamente a veces es muy despistado, pero también llena mi vida y me hace reír.



Si tuviera un chofer, en lugar de trabajar como uno, hoy le hubiera llamado la atención por no llevar a mi hija a su cita con la ortodoncista. Pero la chofer soy yo, y nadie me llamó la atención. Afortunadamente solo tuve que toser un poco por teléfono para que me cambiaran la cita. Gracias Dios por mis hijos, que no solo me dan muchas alegrías y satisfacciones, también llenan mi agenda con emergencias de las que resuelve una mamá que pasa la vida dedicada a ellos.



Y hasta ese lindo Cuyo, cuyo nombre es Sky… todos pasan cerca de él, cualquiera puede darle el desayuno… Ah, pero no. La tierna bolita de pelos solo grita fuerte cuando yo paso cerca, aunque no le hable. Parece que su comida no es igual si no huele a mis manos. Hasta las mascotas me extrañan!



La olla de cocimiento lento, mi fiel compañera, todavía no sabe ponerse los ingredientes sola. Si no me aparezco por la cocina un par de días se van a cansar de comer todos los estilos de huevos. Puedo decirles qué poner dentro de la olla, pero si falta algo están en problemas porque no han desarrollado el arte de la improvisación. En cambio si paso por allí cinco minutos para poner todo en la olla se van a chupar los dedos en la cena… Me hacen sentir halagada con lo mucho que disfrutan mis inventos.



El timbre suena. Mis hijos no atienden porque les he dicho que no abran a desconocidos, así que simplemente ni se asoman a ver quién es. El teléfono suena, como saben que no es para ellos ni caso le hacen. Lo siento todo el mundo, mejor escriban a mi celular. Gracias a Dios que aun hay gente que quiere hablarme!



Puedo resumir muchas otras razones y adaptar a mi vida aquella larga historia que envían por correo… Gracias por la preocupación de la refri vacía porque significa que tengo a quién alimentar. Por la montaña de ropa por doblar porque mi esposo la metió a la lavadora antes, y yo no la tuve que lavar. Gracias por el polvo, pelos y alpiste en el suelo porque no tendría mascotas si no tuviera hijos. Por la puerta y el teléfono sonando porque tengo suegra, madre y amigos. Gracias a Dios por la gran diferencia que hace estar con gripe, significa que tengo un cuerpo que normalmente funciona bien, que no siempre se cansa tan fácil, y que usualmente es hábil para hacer muchas cosas. Gracias por el tiempo que no he dormido por estar escribiendo, porque al final, significa que pude pensar sobre las muchas bendiciones que tengo para contar.



Estas son algunas de las cosas que usualmente doy por sentadas, lo que vivo todo el tiempo, lo que es parte de mi vida, el plan perfecto que Dios tiene para mí. Parte de lo que recuerdo cuando Dios dice que demos gracias en TODO. Tengo muchas razones para estar agradecida hoy. Y ustedes, ya contaron sus bendiciones? Cómo está su gratitud hoy?

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El día en que me convertí en chofer de mis hijos 


Inevitable, supongo que la mayoría de papás y mamás pasamos por esto. Las vacaciones de colegio significan un enorme cambio de rutina y tantas actividades extra… ayer entre la clase de música, dentista, un par de compras y dos entrenos casi no me acuerdo si almorcé. 



Llevamos 4 meses de esta rutina de salir en las tardes para ir al entreno de atletismo, y cómo si me hubiera estado faltando algo, hoy fuimos a incursionar a la Federación de Esgrima para un curso de vacaciones. En cierta forma, ya no tengo tardes, en cierta otra, como ya les conté, gané tiempo de lectura. Sí quieren saber del tráfico, sí, también estoy acumulando horas de vuelo. A quienes me preguntan sobre eso les he contado que uso unos zapatos 4 x 4, unos tanques bajo cuya suela el impacto del clutch es mínimo. Además encontré una ruta a la que le puse por nombre ‘cero estrés’. 



Podría sumar todo, y entre tiempo, gasolina y tensión el resultado quedaría en números rojos. Pero tengo razones para decir que no es así. Hoy la mejor de todas, es el tiempo que tengo para hablar con mis hijos. De no haber emprendido esta ‘aventura deportiva’ ese tiempo lo pasaríamos en tres lugares distintos de la casa, no hablaríamos la hora y cuarto que estamos juntos mientras vamos y volvemos, y aunque tengo que poner atención a lo que pasa alrededor, hemos tenido muy buenas pláticas entre el carro. 



Eso es una fracción de lo que me hace sentir que estoy haciendo exactamente lo que tengo que hacer. Allí entre el carro, sin mis ojos encima, las preguntas y respuestas sobre la vida parecen fluir relajadamente. Tal vez la que se relaja en ese rato soy yo; antes de salir debo hacer muchas cosas en la casa, y otras tantas al regresar. 



Tengo que usar este tiempo para sembrar verdades en ellos, en unos años se me va a atravesar una licencia juvenil o un cambio de intereses. No me voy a quejar del tiempo que dedico a ser su chofer; mientras mis hijos disfrutan sus actividades, yo voy a disfrutar a mis hijos y a demás voy a aprovechar bien el tiempo… de pronto Dios me recordó qué es lo que quiere que haga: 



‘Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino (mientras los llevas a sus actividades), y al acostarte, y cuando te levantes.’ 



Deuteronomio 6:6-7






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Para cuando esté 'detrás de la cerca'

‘Demasiado lejos para la foto y para que escuche mis palabras de ánimo o las indicaciones del entrenador. Por allá a la distancia veo a mi Princesa en su segundo día de competencias, ahora tiene que tomar impulso de su propia motivación y confianza de lo que ha trabajado hasta hoy. Hoy es un día de crecimiento.’



Cuando escribí eso estaba viendo a mi hija literalmente con un estadio de por medio. Fue su primera experiencia en algo con el título de ‘nacional’. Y qué experiencia! No estaba sola, estaba entre una multitud de atletas, pero allí ya nadie les dice a los competidores qué hacer. Aunque aun tiene poco tiempo de entreno, se preparó y llegó el día de ponerse en la pista y hacer lo que llegó a hacer; dar su mejor esfuerzo. Pero cuando la vi tan lejos, por un momento olvidé los tenis y pensé en algo más que ha recorrido ella en estos meses de su vida. No han sido sólo metros sobre la pista, el salto de longitud tampoco ha sido sólo sobre arena. El lanzamiento no fue sólo de una bala (o una pelota de baseball que es lo que por peso, usan en su categoría), todo esto ha sido parte de su carrera hacia la independencia. 



Los atletas revisan sus horarios, hay cierto límite de tiempo para presentarse en la cámara de llamadas, los entrenadores no pueden acercarse; igual que los papás y amigos, todos estamos del otro lado de la cerca. Ya no es momento de aprender… si alguien puede gritar suficientemente alto tal vez les recuerde un par de cosas importantes y luego, nada más que palabras de ánimo, y esperar. Esperar que les llegue su turno y que logren una buena ejecución.



A todo esto, si el entrenador hizo un buen trabajo y el alumno se esforzó, lo primero que se verá es si el atleta tiene una buena técnica. El resultado en distancia o tiempo va a ir mejorando con el tiempo de preparación. Igual nos pasa a nosotros al preparar a nuestros hijos para la vida. Llega el momento de dejarlos salir a la pista, de quedarnos detrás de la cerca. Una vez delante de la pista se va terminando el tiempo para instruir. El día que les toque correr, saltar, o lanzar, el resultado dependerá de lo que nosotros, los ‘entrenadores’ hayamos sembrado en ellos. Podremos confiar en que lo van a hacer bien? Le estoy dando a mis hijos las instrucciones que necesitan para cuando llegue el día de estar solos allá afuera, compitiendo por su propio lugar en la vida y en la eternidad? 



Cuando en Proverbios 22:6 se nos da la instrucción de instruir al niño en su camino, la palabra ‘camino’ en hebreo significa figurativamente un curso de la vida o un modo de acción. Les estoy dando instrucción espiritual? Instrucción moral? Les estoy enseñando a ser responsables? Puntuales? Compasivos? Van a salir a dar todo por llegar a la meta en lo natural y en lo espiritual? Los estoy ayudando a definir ese ‘modo de acción’? Vaya un montón de preguntas que tengo para evaluar esta semana…!




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Fallar en Prepararse = Prepararse para Fallar

Esta frase que leí, subrayé y memoricé de un libro ha estado haciendo eco en mi cabeza por horas. La había tomado solo para mí, incluso me la he dicho en voz alta: ‘Fallar en Prepararse = Prepararse para Fallar.’ Pero en el momento en que regresó a mi conciencia no estaba pensando en mí, sino en mis hijos. Quiero dejar esto escrito para que alguna vez ellos vuelvan a leerlo, y para que una noche en que se vayan a dormir preocupados por sus propios hijos y pidiéndole a Dios templanza y sabiduría para afrontar algún traspié, recuerden que Dios siempre tiene respuestas para los que lo buscan, y tengan el valor de trabajar para alcanzar lo que Dios espera de ellos.

Hace unos días alguien me dijo que prepare a mi hija mentalmente para fallar. Aunque en el momento en que lo dijo no tuve una respuesta automática, solo necesité los treinta pasos que caminé hacia mi carro para reaccionar. Si esa persona creyó que yo iba a quedarme tranquila con eso, se equivocó de mamá! Lo que voy a hacer en cambio es apoyarla para que se prepare más y pueda afrontar la prueba con seguridad; quiero que al final tenga la satisfacción de que dio lo mejor porque sabía lo que hacía. Si se prepara, cualquiera que sea el resultado, va a ser bueno, va a ser una buena experiencia.



Dios puso en cada uno potencial para muchas cosas, nos dio aptitudes y habilidades; si decidimos usarlas como Él espera que lo hagamos y buscamos Su voluntad para nuestra vida, vamos a encontrar el por qué (motivación para comenzar) y el para qué (visión del objetivo). Pero el cómo, es decir la preparación, depende de nosotros. Y tratándose de nuestros hijos, la responsabilidad no es solo de ellos, tenemos que involucrarnos. Nosotros somos los formadores de hábitos, los proveedores de herramientas y oportunidades, los instructores, nosotros somos los supervisores de su preparación. 



Prepararse es una ‘acción’ que consiste en arreglar o disponer las cosas necesarias para realizar algo. Es formación. Es saber. Es la enseñanza y práctica de una materia, una disciplina o un deporte. Por el otro lado, fallar es estar equivocado, hacer una cosa de forma incorrecta. Algo que sale mal o que no da el resultado esperado.



Entonces mis amados hijos Sara y Josué, primero ponemos todo en las manos de Dios, luego nos toca a nosotros poner manos a la obra. Todo lo que venga a mano para hacer háganlo según sus fuerzas, (Eclesiastés 9:10). Graben esto en su cabeza y corazón: El éxito es 10% talento y 90% preparación.





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Tres Alegrías y el Lenguaje de Amor de las Palabras

Hace unos días vimos en la película ´Parental Guidance’ como una pareja de padres usaba ´dar tres alegrías´ como forma de retribución por una ofensa entre dos hermanos. Hoy se me ocurrió usar esta creativa idea con mis hijos. A parte de relajarnos resultó muy divertido, especialmente si el lenguaje del amor de las palabras está entre el inventario de alguien en la familia.

Esto me recordó el libro 'Los 5 Lenguajes del Amor de los Niños', de Gary Chapman, que se basa en que cada niño tiene un lenguaje de amor primario o modo de comunicarse, un modo en el que él o ella entienden mejor el amor de los padre, y es con este lenguaje que llenamos el tanque emocional de nuestros hijos. Uno de estos cinco lenguajes es el de las Palabras de Aliento: Algunos niños se sienten más estimulados y amados al escuchar palabras positivas, que con cualquier otra cosa que podamos darles. Cada uno es diferente, pero para este tipo de niño, las palabras positivas son el mejor regalo. El estímulo es más efectivo cuando está centrado en el esfuerzo que ha hecho. Y claro ninguna duda de que un niño cuyo lenguaje primario de amor son las palabras, también las va a usar para ‘amar a otros´.

Si se identifican con este lenguaje como algo que motiva a sus hijos, desarchívenlo y practíquenlo, les va a gustar el resultado.


Al rato lo que comenzó siendo un pago por una falta resultó en broma, mi hijo empezó a buscar cómo invadir el espacio de su hermana para intencionalmente, tener que pagarle con tres alegrías… Mientras trato de concentrarme en lo que escribo puedo escuchar de fondo las risitas de mis niños: ´Te doy tres alegrías! (1) Me gusta tu cabello. (2) Eres la mejor hermana del mundo! (3) JIJIJIJI…!


A Propósito… les recomiendo la película. Aquí va el trailer para que le den una miradita.