miércoles, 17 de junio de 2015

¿Y si pasamos del típico frijol?

Como diría mi hijo: ‘Sin ofender al frijol’.


Me llama la atención por qué la mayoría de las maestras y los libros de texto no pasan más allá de la legendaria siembra de frijolito cuando de ilustrar la germinación se trata. Me dirán que el frijol es muy noble, que nace en dos o tres días en un algodón sin ningún nutriente más que agua, (lo que de paso me parece muy cruel), y que es un espectáculo mostrando sus cotiledones y la minúscula plántula, pero ¿qué tal si dejamos eso para el libro? Los niños en los colegios y escuelas debieran ser animados a experimentar con otra clase de cultivos.

Esa libertad de no tener que hacer exactamente lo que me dicta un libro es una de las cosas que más me gusta del homeschool. 

Mis hijos tienen cuyos y periquitas australianas. A Propósito, ¿sabían que los cuyos no tienen instinto de saciedad? Comen cada vez como si fuera su primera comida en una semana, por eso pensamos en hacer el experimento con algo que de paso fuera útil. Sembramos apio y lechuga romana.

¿Alguna vez han obtenido frijoles para una taza de sopa del cruel experimento del frijol germinado en algodón? No!? Entonces, les recomiendo el experimento con lechuga – el apio nunca brotó -. La bolsita de semillas de lechuga romana costó Q 2.50 en Superb Agrícola. Las sembramos en maceta porque queríamos tenerlas vigiladas, aunque bien pudo haber sido en un bote de yogurt o en la tierra. Tierra abonada, agua, Sol y una mínima parte de las semillas que vienen en la bolsa. Tres días para germinar, y cuatro o cinco semanas después nos estamos divirtiendo con nuestra cosecha de 30 hermosas lechugas que no solo van a comer los cuyos y las periquitas, se ve tan buenas que el siguiente experimento tendría que ser un nuevo aderezo!