martes, 4 de marzo de 2014

La Crisis según Albert Einstein y Comprobada por Mí

‘No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo.

La crisis, es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia.

El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.

Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.’

Albert Einstein, 1879-1955. No sé exactamente cuántos años de su genial existencia de 76 había vivido cuando escribió su punto de vista sobre la crisis. Voy a pensar que 41 para que me sirva de impulso, ajústenlo ustedes a su medida. El punto es que hay que haber vivido suficiente, una gran variedad de circunstancias, un regularmente largo camino de subidas y bajadas para estar de acuerdo. Qué sabíamos sobre crisis al llegar a la adolescencia? Hasta ahora podemos ver cuánto nos faltaba por saber y por sentir en aquel tiempo para estar realmente en crisis. Hay que vivir en el año 2,014. Hay que haber estado parados un tiempo para llegar a sentir la necesidad de moverse. Hay que haber llegado a la noche para esperar ver de nuevo el día. No importa sobre qué sea su crisis, aun en 1,920, cuando faltaba un año para que a Einstein le dieran el premio Nobel, la clave ya era LUCHAR PARA SUPERARLA.



lunes, 3 de marzo de 2014

Dios, Tú nunca me dejas!

Hace un par de noches mientras comenzaba a quedarme dormida, recuerdo haberle dicho a Dios que me envolviera en la palma de su mano. La imagen en mi mente era sobre mí misma, tan pequeña como para caber allí, y sobre la mano de Dios, suficientemente grande para envolverme. 


Hoy mi pajarita enferma hizo algo completamente contrario a su naturaleza. Cualquier otro día hubiera hecho un escándalo aleteando, gritando y huyendo asustada al sentirse atrapada. Hoy se subió y se acomodó en mi mano en busca de consuelo. Me dejó abrazarla y no hace ningún intento por volar. Me mira, se apoya y se duerme. Mientras escribo torpemente con una sola mano en el teclado y la pajarita en la otra, Dios me muestra todo el cuadro. Mientras ella quiera permanecer y se siente bien envuelta en mi mano yo no haría nada por soltarla. 

Así es Dios con nosotros. Él tampoco quiere dejarnos. Hay días en que nos sentimos fuertes y valientes, extendemos las alas y nos elevamos emprendiendo el vuelo. Nos dejamos ir bastante lejos impulsados por el viento. Pero cuando nos cansamos, nos lastimamos en la aventura o nos enfriamos por las tribulaciones de la vida Dios siempre está allí, con su mano abierta dispuesto a envolvernos y acercarnos a su corazón.