martes, 14 de octubre de 2014

Hasta la Vista Mi Querido Brinkley

Recuerdo el día en que te adoptamos. Gordito, alegre, noble y cariñoso; poco a poco fuimos descubriendo que eras tú quién adoptó a una familia. Pensamos que teníamos que enseñarte algunas cosas para que te portaras bien dentro de la casa, en el proceso tuvimos algunos accidentes, pero fue fácil cuando comenzamos a entender lo que necesitabas y lo que querías. Decíamos que eras tan listo, y seguro eso pensabas tú de nosotros: ‘Qué listos los humanos, ya van aprendiendo.’ Nos diste una gran lección de ternura, paciencia y empatía. 

Fuiste tan bueno con los niños; por mucho tiempo se lo atribuíamos a tu raza. Nos tardamos un poquito en darnos cuenta que pensabas que eran tus propios cachorros. Jugaste con ellos, masticaste algunos juguetes, aullabas cuando la pequeñita lloraba, tratabas de no botar de tu lomo al que te quería montar como caballo. Los viste crecer y a lo largo de esos años repartiste tantas lamidas y sonrisas. Cada vez que te veíamos no dudábamos que tu expresión era una enorme sonrisa.


Gran compañero de caminatas. Anticipabas el momento tan feliz! Disfrutabas tanto correr por el campo! Nunca vamos a olvidar el día en que pensamos que te habías extraviado. Tú debes haber estado preocupado de que tu humano se hubiera perdido, y buscándolo regresaste antes que él a la casa. Esas alegres caminatas de madrugada tuvieron que acabar por el peso que los años pusieron sobre ti, pero nunca pareciste estar triste. Aceptaste igual de sonriente tus canas. 

Y cuando pensamos que necesitabas compañía de otro perro… Estabas bien solo, pero ese perrito necesitaba amor y enseñanzas de papá y tú no dudaste en recibirlo. Tan paciente y tan firme, que fuiste tú quien educó a Riley y no nosotros. Hiciste luchitas con él cada mañana, como hacen los papás con sus hijos. Le enseñaste qué hacer y qué decir cuando algún camión interrumpía la tranquilidad de nuestro territorio. Ese perrito que vino a avivar tus días creció más pendiente de ti que de nosotros. 

No te preocupes Brinkley, nosotros nos vamos a cuidar ahora. Vamos a proteger a tus cachorros humanos y vamos a jugar con Riley. Gracias por regalarnos tu amor desinteresado por tantos años. Estamos seguros de que te veremos en el cielo. Vamos a esperar ese feliz día en que nos vuelvas a mover la colita con tu alegre sonrisa. Allá podremos hacer más caminatas y jugaremos con tu pelota.  Hasta siempre mi Iki, te amamos.

Tu familia