miércoles, 7 de mayo de 2014

Historia de una Cortina

Dios tiene formas peculiares de ilustrar las cosas que quiere mostrarnos. Esta vez el mensaje me llegó en forma de cortina. La cortina blanca de mi baño a la que le apareció una despreciable mancha de moho. 

Como estaba en muy buen estado aparte del moho, decidí que podía contra la mancha, y cepillo en mano puse manos a la obra. El trabajo me tomaba unos pocos minutos cada día. Mientras la limpiaba venían a mi mente escrituras sobre las que había estado meditando; al principio no era intencional, pero se volvió la rutina… ‘Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado. (Salmo 51:2) ‘Purifícame con hisopo y seré limpio, lávame y seré más blanco que la nieve.’ (vrs.7) ‘Crea en mi oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí.’ (vrs.10) ‘Si mis pecados fueren rojos como la grana, como la nieve serán emblanquecidos.’ (Isaías 1:18)

Casi me encariñé con la cortina que cada día me servía para pensar sobre la obra del Señor en mi vida. Pero también me molestaba ver que por más que trabajaba, la mancha crecía, me molestaba ver como un solo día de no hacer mi trabajo causaba que la encontrara más grande después… Me recordaba tanto a mi corazón. Un solo día de descuido puede ser fatal. Un solo día de no hacer ‘mi trabajo’ y el mundo, la carne y el diablo encuentran una pista de aterrizaje lista para ser usada. Una cortina blanca para echar a perder.

El ultimo día que vi mi cortina me paré frustrada frente a ella y le dije al Señor: ‘¡Es inútil, por más que trabajo en esto no puedo hacer que quede limpia para siempre!’ Pude oír la voz de Dios diciéndome: ‘Por supuesto que no! Tú no. YO.’ Entonces lo vi tan claro...

Cada vez que digo ‘lávame’ es Él quien me lava. Cuando digo ‘límpiame’ es Él quien me limpia, es Él quien me purifica. Llegar a la meta no depende de mi afán, sino de Su misericordia. No depende de mi capacidad, sino de Su fidelidad. Lo que busca en mí es entrega y dependencia total. Él comenzó la buena obra, y Él mismo la va a perfeccionar (Filipenses 1:6). ‘Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.’ (1 Tes. 5:24)

Alegremente me despedí de la cortina, la tiré a la basura, y de paso agradecí al Señor por lo que hace con mis rebeliones… yo las entrego, Él las tira tras sus espaldas! (Isaías 38:17)