lunes, 3 de marzo de 2014

Dios, Tú nunca me dejas!

Hace un par de noches mientras comenzaba a quedarme dormida, recuerdo haberle dicho a Dios que me envolviera en la palma de su mano. La imagen en mi mente era sobre mí misma, tan pequeña como para caber allí, y sobre la mano de Dios, suficientemente grande para envolverme. 


Hoy mi pajarita enferma hizo algo completamente contrario a su naturaleza. Cualquier otro día hubiera hecho un escándalo aleteando, gritando y huyendo asustada al sentirse atrapada. Hoy se subió y se acomodó en mi mano en busca de consuelo. Me dejó abrazarla y no hace ningún intento por volar. Me mira, se apoya y se duerme. Mientras escribo torpemente con una sola mano en el teclado y la pajarita en la otra, Dios me muestra todo el cuadro. Mientras ella quiera permanecer y se siente bien envuelta en mi mano yo no haría nada por soltarla. 

Así es Dios con nosotros. Él tampoco quiere dejarnos. Hay días en que nos sentimos fuertes y valientes, extendemos las alas y nos elevamos emprendiendo el vuelo. Nos dejamos ir bastante lejos impulsados por el viento. Pero cuando nos cansamos, nos lastimamos en la aventura o nos enfriamos por las tribulaciones de la vida Dios siempre está allí, con su mano abierta dispuesto a envolvernos y acercarnos a su corazón.