miércoles, 12 de febrero de 2014

Qué bueno que Dios no es como una galleta!

He comido estas galletas desde que era niña. No estoy segura de que fueran mis favoritas, pero cerca. Debo haber comido muchas; noto muy bien el pequeño cambio en su sabor, pero lo que me impresionó fue el gran cambio en su tamaño. Ustedes me van a decir que así ha pasado con todo. Igual con una bolsita de Tortrix, nadie creería que ahora la bolsita es más grande…! Lo que pasó es que como premio a nuestra innegable tradición chapina de comerlos, ahora nos dan mayor contenido de aire, hasta hay que doblar la bolsa hacia adentro para alcanzar los Tortrix. Incluso algunos de mis duces favoritos se han ido despareciendo a medida que mejoran las habilidades del vendedor; la última vez que me comí un Nougat, la envoltura de celofán tenía la forma rectangular de siempre, pero el dulce no lo llenaba, cómo lo hacen? Seguro cada uno me puede dar su impresión de algo que se ha ido reduciendo en tamaño. El precio sube o es el mismo, lo que recibimos ya no. Pensé tomarle una foto a la galleta, al paso que vamos cuando la conozcan mis nietos va a ser del tamaño de un centavo!

Mientras la ponía en un lugar donde se veía bien para la foto, vino a mi mente una comparación… ‘Qué bueno que esto no pasa con Dios’. 

A Dios podemos estar dándole igual o incluso menos de nosotros que ayer, ni siquiera hay forma de que podamos pagarle. Pueden venir esos días difíciles en que apenas hacemos débiles oraciones, o esos otros en que por amor o por la debilidad de nuestra carne nos sentimos desesperadamente necesitados de acercarnos a Él. Nos esforzamos en buscarlo más y entonces descubrimos que sin importar nuestra disposición, Él seguía allí. Él sigue dispuesto a escucharnos, amarnos y ayudarnos en nuestras tribulaciones, Él sigue siendo el mismo de ayer, es el mismo hoy y va a ser el mismo mañana.

Si nos sentimos solos él es el que promete ‘no dejarnos ni desampararnos’. (Josué 1:5, Hebreos 15:5)

Si nos sentimos débiles Él nos hace fuertes ‘porque su poder se perfecciona en nuestra debilidad.’ (II Corintios 12:9)

Cuando sentimos no poder, Él dice que sí podemos, porque ‘Él nos fortalece’. (Filipenses 4:13)

Cuando tenemos miedo Él está con nosotros diciendo ‘no temas porque Yo estoy contigo.’ (Isaías 41:10)

Cuando creemos no merecer el perdón Él nos recuerda que ‘si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos.’ (1 Juan 1:9)

Cuando algo parece imposible podemos escuchar a Jesús diciendo ‘Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios’. (Lucas 18:27)

Cuando nos sentimos cansados y cargados podemos ir a Él en busca del ‘verdadero descanso’. (Mateo 11:28)

Cuando no vemos la salida podemos confiar en Él, porque Él puede ‘enderezar nuestras veredas’. (Proverbios 3:5-6)

Cuando no vemos hacia dónde debemos caminar ‘Él puede mostrarnos el camino’. (Salmo 32:8)

Cuando nos sentimos ansiosos podemos confiar en que Él ‘tiene cuidado de nosotros’. (I Pedro 5:7)

Él nunca nos va a dar menos, Su amor por nosotros no cambia porque en Él no hay ‘sombra de variación’. Y aun cuando ya no recibiéramos nada, el solo hecho de mantenernos vivos hoy hace que valga la pena esforzarnos por entregarnos más, buscarlo más, amarlo más, servirlo más… Él nunca se va a reducir para nosotros.