miércoles, 19 de febrero de 2014

HOY - NOTA PARA MÍ MISMA (y por si a alguien más le sirve)

Sí hay días en que olvido ver lo que tengo para agradecer hoy. De vez en cuando tiendo a ver hacia atrás, a lo que me gustó, a lo que no, a lo que tuve, a lo que ya no… comparaciones. Eso me roba gratitud y felicidad por lo que tengo ahora. Agradecer por lo que quedó atrás me da una visión de quién soy, dónde estoy, y de quién es Dios, pero no se puede vivir en el pasado.

‘Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.’ Eclesiastés 7:10

También hay días en que trato de ver hacia el mañana, a lo que quisiera tener y ser, y lo que no. A veces quisiera ver en el futuro lo que me gustó en el pasado, lo que no tengo ahora. Tratar de anticiparme a los planes de Dios también me resta gratitud. Tengo que recordar constantemente que en ningún lugar está más seguro mi futuro que en las manos de Dios. Voy a hacer planes, esforzarme cada día por construir el futuro, pero al final todo va a ser como Él tiene escrito en su plan para mí. Es mejor que confíe en Él; Dios va a enderezar mis veredas hasta hacerme alcanzar lo mejor, lo que Él ya planeó.

‘Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.’ Jeremías 29:11

Acepto que ni ver hacia el pasado ni ver hacia el futuro me pueden hacer feliz. Solamente me hace feliz agradecer el presente. Para qué retroceder a lo que ya pasó o preocuparme por lo que va a pasar? Lo importante es lo que aprendí tanto de lo bueno como de lo malo. Lo que la gente me dejó, la lección aprendida de mis errores, la bendición de las experiencias y aun de los logros y regalos materiales. Todo eso se aprecia y se agradece por lo que significa hoy, porque me hizo ser quien soy. Si no, -me dijo un amigo,- ‘es como que maneje todo el tiempo viendo el retrovisor.’ Si quiero vivir con paz en el lugar dónde estoy parada y disfrutar lo que viene adelante, no hay más que dejar de ver hacia atrás. Aun cuando sucediera que el pasado fue mejor, o que va a ser mejor el mañana, el pasado ya no existe, y el mañana no sé si vendrá.

Lo que cuenta entonces es lo que soy ahora, lo que Dios me habla hoy, las decisiones que tomo hoy, cuanto me esfuerzo hoy, lo que amo hoy, en qué voy a crecer hoy… porque sobre eso va a estar construido el mañana.