viernes, 11 de octubre de 2013

Si la vida te da un hijo que no come orillas, haz croutons para la ensalada!

Alguien más tiene un hijo anti-orillas de pan? Hace tiempo que dejé de molestarme por la solicitud de quitarle las orillas a los sándwiches. Seguro que algunos adultos también disfrutaríamos más si no estuvieran. Entonces cada vez que mi niño dice: ‘un sándwich sin orillas por favor’, en vez de tirarlas o comérmelas por lástima, las guardo en el refrigerador y cuando se acumulan suficientes, un poquito de mantequilla, especies o queso parmesano antes de hornear, y tenemos un bote de croutons para la sopa o la ensalada. Y mi paquete de pan sándwich acaba de convertirse en un ‘dos por el precio de uno’!


jueves, 10 de octubre de 2013

No Eres un Accidente

No eres un accidente. Tu nacimiento no fue un error o infortunio, tu vida no es una casualidad de la naturaleza. Tus padres no te planificaron; Dios lo hizo. Al Él no le sorprendió tu nacimiento. Es más, lo estaba esperando.

Mucho antes de que fueras concebido por tus papás, fuiste diseñado en la mente de Dios. Él pensó en ti primero. No es a causa del destino, ni de la casualidad, ni de la suerte, ni tampoco es una coincidencia que en este mismo instante estés respirando. ¡Tienes vida porque Dios quiso crearte!

Dios planeó crearte a pesar de las circunstancias de tu nacimiento y quienes serían tus padres. Daba igual si tus padres eran buenos o malos, o indiferentes. Él sabía que esas dos personas poseían la hechura genética 'exacta' y la necesaria para mandar a hacerte a ti a la medida, tal y como Él pensaba. 

Cada persona fue creada con un propósito en mente. El motivo de Dios para crearte fue su amor.

'Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo... habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos... para alabanza de la gloria de su gracia...' (Efesios 1:4-6)

Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da. (Éxodo 20:12) 



Tomado del Libro: 'Una Vida con Propósito' 
de Rick Warren.

martes, 8 de octubre de 2013

La Prueba de Nuestra Fe

El modo en que las pruebas y dificultades de la vida fortalecen nuestra fe.


La fe no probada puede ser una fe genuina, pero es, sin duda, una fe débil, y probablemente mientras esté sin pruebas ha de permanecer pequeña.

La fe nunca prospera más que cuando todas las cosas le son contrarias: las tormentas son sus entrenadores y los relámpagos son sus iluminadores.

Cuando en el mar reina calma, extiende como quieras las velas, la nave no marchará hacia su puerto, pues en un mar dormido la quilla duerme también. Deja que los vientos soplen furiosamente y que las aguas se agiten, pues es así como el barco podrá llegar al puerto deseado, aunque se balancee de un lado al otro, y aunque su cubierta se lave con las olas, y el mástil cruja bajo la presión de las infladas velas.

Ninguna flor tiene un azul tan hermoso como las que crecen al pie de los helados ventisqueros. Ninguna estrella brilla más que las que fulguran en el cielo polar; ninguna agua tiene un gusto más agradable que la que corre por el desierto de arena, y ninguna fe es tan preciosa como la que vive y triunfa en la adversidad.

La fe probada trae experiencia. Si no hubieses estado obligado a pasar por los ríos, no habrías creído en tu debilidad; si no hubieses sido sostenido en medio de las aguas, nunca habrías conocido la potencia de Dios. La fe cuanto más se ejercita en la tribulación, más crece en firmeza, en seguridad y en intensidad. La fe es preciosa, y su prueba es preciosa también.

C. H. Spurgeon


lunes, 7 de octubre de 2013

'Fallar en Prepararse = Prepararse para Fallar'

Esta frase que leí, subrayé y memoricé de un libro ha estado haciendo eco en mi cabeza por horas. La había tomado solo para mí, incluso me la he dicho en voz alta: ‘Fallar en Prepararse = Prepararse para Fallar.’ Pero en el momento en que regresó a mi conciencia no estaba pensando en mí, sino en mis hijos. Quiero dejar esto escrito para que alguna vez ellos vuelvan a leerlo, y para que una noche en que se vayan a dormir preocupados por sus propios hijos y pidiéndole a Dios templanza y sabiduría para afrontar algún traspié, recuerden que Dios siempre tiene respuestas para los que lo buscan, y tengan el valor de trabajar para alcanzar lo que Dios espera de ellos.

Hace unos días alguien me dijo que prepare a mi hija mentalmente para fallar. Aunque en el momento en que lo dijo no tuve una respuesta automática, solo necesité los treinta pasos que caminé hacia mi carro para reaccionar. Si esa persona creyó que yo iba a quedarme tranquila con eso, se equivocó de mamá! Lo que voy a hacer en cambio es apoyarla para que se prepare más y pueda afrontar la prueba con seguridad; quiero que al final tenga la satisfacción de que dio lo mejor porque sabía lo que hacía. Si se prepara, cualquiera que sea el resultado, va a ser bueno, va a ser una buena experiencia.

Dios puso en cada uno potencial para muchas cosas, nos dio aptitudes y habilidades; si decidimos usarlas como Él espera que lo hagamos y buscamos Su voluntad para nuestra vida, vamos a encontrar el por qué (motivación para comenzar) y el para qué (visión del objetivo). Pero el cómo, es decir la preparación, depende de nosotros. Y tratándose de nuestros hijos, la responsabilidad no es solo de ellos, tenemos que involucrarnos. Nosotros somos los formadores de hábitos, los proveedores de herramientas y oportunidades, los instructores, nosotros somos los supervisores de su preparación. 

Prepararse es una ‘acción’ que consiste en arreglar o disponer las cosas necesarias para realizar algo. Es formación. Es saber. Es la enseñanza y práctica de una materia, una disciplina o un deporte. Por el otro lado, fallar es estar equivocado, hacer una cosa de forma incorrecta. Algo que sale mal o que no da el resultado esperado.

Entonces mis amados hijos Sara y Josué, primero ponemos todo en las manos de Dios, luego nos toca a nosotros poner manos a la obra. Todo lo que venga a mano para hacer háganlo según sus fuerzas, (Eclesiastés 9:10). Graben esto en su cabeza y corazón: El éxito es 10% talento y 90% preparación.