viernes, 13 de diciembre de 2013

A Propósito de cuando me convertí voluntariamente en alérgica a la leche

Por cierto, no es lo mismo intolerancia a la lactosa que alergia a la leche. Mi hija tenía 6 años cuando comenzaron a manifestarse los síntomas de la intolerancia a la lactosa. Como estaba en el colegio pasó el año escolar sin que yo me diera cuenta de cuál era el problema. Ella todavía no podía describir bien el malestar y la poca información que me llegaba del colegio hacía algo difícil apuntar en esa dirección. Al año siguiente bajo la observación de una maestra más perceptiva, - yo!-, y la orientación del pediatra, quedó muy claro el qué y el cómo. Intolerancia a la lactosa = Eliminar la lactosa de la dieta + Sustituir el calcio y la proteína. Después de un tiempo al introducir de regreso los lácteos y ver que ya no estaban los molestos síntomas, celebramos el éxito… hasta que hace unos meses descubrí que probablemente nunca se fue por completo, ahora es alergia. Hace unos días hablando sobre esto me dijo que al menos para ella, es más fácil sobrellevar la alergia que la intolerancia.


Ha sido un proceso de años, y lo que más tiempo ha tomado ha sido que yo termine de asimilar la solución; hasta hace poco entendí que no se trata solo de eliminar y sustituir, eso es la mitad de lo que tengo que hacer. El otro 50% es el apoyo emocional. Puesto que la palabra dieta viene del griego ‘dayta’ que significa modo de vida, igual que para cualquier cambio radical, se requiere fuerza de voluntad para iniciar, pero hace falta algo más para continuar.

Muchos estarán de acuerdo con este dato que encontré: Una de cada cuatro personas que inician una dieta fracasa por falta de apoyo de la familia. No importa si se trata de dieta para bajar de peso o por una alergia, intolerancia o cualquier otro padecimiento, no hay término medio: La familia apoya o sabotea, facilita o complica.


¿Han sentido o al menos pensado en lo difícil que es abstenerse de algo que nos gusta cuando todos al rededor lo están disfrutando? Al principio, cuando me ofrecí voluntariamente para ser alérgica a la leche, lo que quería era apoyar emocionalmente a mi hija para que no se sintiera aislada por las diferencias en su alimentación. Y es que no se trata solo de leche, sino de la innumerable cantidad de alimentos que contienen leche, derivados de leche, o incluso que son fabricados en plantas donde también se procesan lácteos. Es esa larga lista la que hace que haya una gran diferencia entre decirle a alguien 'esto no lo puedes comer', que 'esto no lo podemos comer'. Hay investigaciones que demuestran que las personas que deben seguir una dieta, la cumplen con mejor ánimo y llegan antes a la meta cuando cuentan con apoyo familiar. Mi apoyo se llama ‘alergia voluntaria’ y el resultado es visiblemente positivo en lo emocional y en lo físico. A demás desde que decidí involucrarme de lleno, estoy más alerta a lo que dicen las etiquetas y puedo pensar mejor en lo que ambas podemos o no podemos comer, y eso siempre resulta en una opción más natural.

¿Son ustedes los de la dieta? Hablen con su familia y consigan aliados. ¿Es alguien más en su casa? Súmense voluntariamente (y por amor) a la batalla. Estas son algunas sugerencias que pueden ayudarnos para ser un mejor apoyo familiar:

1. Concéntrese en que está buscando mejorar la salud y la calidad de vida.
2. Evite mostrar actitudes negativas y hacer comentarios pesimistas. Confíe en que sí se puede alcanzar el objetivo.
3. Estimule a la persona, refuerce lo positivo y hágale ver cualquier mejoría por pequeña que sea. No se cuestionan los bajos resultados, son un principio, no el fin.
4. No se permita conversaciones pesimistas con otras personas, sea el primero en hablar de las ventajas.
5. Infórmese: Siempre hay alternativas para una dieta más sana.