miércoles, 13 de noviembre de 2013

El día en que me convertí en chofer de mis hijos

Inevitable, supongo que la mayoría de papás y mamás pasamos por esto. Las vacaciones de colegio significan un enorme cambio de rutina y tantas actividades extra… ayer entre la clase de música, dentista, un par de compras y dos entrenos casi no me acuerdo si almorcé.

Llevamos 4 meses de esta rutina de salir en las tardes para ir al entreno de atletismo, y cómo si me hubiera estado faltando algo, hoy fuimos a incursionar a la Federación de Esgrima para un curso de vacaciones. En cierta forma, ya no tengo tardes, en cierta otra, como ya les conté, gané tiempo de lectura. Sí quieren saber del tráfico, sí, también estoy acumulando horas de vuelo. A quienes me preguntan sobre eso les he contado que uso unos zapatos 4 x 4, unos tanques bajo cuya suela el impacto del clutch es mínimo. Además encontré una ruta a la que le puse por nombre ‘cero estrés’. 

Podría sumar todo, y entre tiempo, gasolina y tensión el resultado quedaría en números rojos. Pero tengo razones para decir que no es así. Hoy la mejor de todas, es el tiempo que tengo para hablar con mis hijos. De no haber emprendido esta ‘aventura deportiva’ ese tiempo lo pasaríamos en tres lugares distintos de la casa, no hablaríamos la hora y cuarto que estamos juntos mientras vamos y volvemos, y aunque tengo que poner atención a lo que pasa alrededor, hemos tenido muy buenas pláticas entre el carro. 

Eso es una fracción de lo que me hace sentir que estoy haciendo exactamente lo que tengo que hacer. Allí entre el carro, sin mis ojos encima, las preguntas y respuestas sobre la vida parecen fluir relajadamente. Tal vez la que se relaja en ese rato soy yo; antes de salir debo hacer muchas cosas en la casa, y otras tantas al regresar. 

Tengo que usar este tiempo para sembrar verdades en ellos, en unos años se me va a atravesar una licencia juvenil o un cambio de intereses. No me voy a quejar del tiempo que dedico a ser su chofer; mientras mis hijos disfrutan sus actividades, yo voy a disfrutar a mis hijos y a demás voy a aprovechar bien el tiempo… de pronto Dios me recordó qué es lo que quiere que haga:

‘Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino (mientras los llevas a sus actividades), y al acostarte, y cuando te levantes.’

Deuteronomio 6:6-7